
En lo alto del Altiplano, entre volcanes dormidos y cielos que parecen más cercanos a las estrellas que a la arena, se escucha un sonido colectivo, rítmico y profundo: es el soplo de las lakitas, una expresión musical que vibra desde hace siglos en la cultura andina. Más que un instrumento —el que los españoles llamaron “zampoña”— las lakitas son una forma de vivir el sonido en comunidad, de respirar juntos una memoria compartida.
En la Escuela de Talentos Andacollinos, un lugar donde distintos talleres exploran el arte desde la diversidad y el arraigo territorial, el taller de lakitas se ha convertido en un espacio de encuentro intergeneracional y creativo, pero también espiritual. No es casual: las lakitas nos enseñan que la música puede ser también resistencia, celebración y vínculo.
¿Qué son las lakitas?
El término “lakita” proviene del aimara y hace referencia tanto al instrumento como al conjunto musical que lo ejecuta. En esencia, se trata de una formación de músicos que interpreta melodías andinas con zampoñas de distintos tamaños, usualmente acompañadas por bombos y cajas. Un elemento a destacar es que, por la construcción del instrumento —que alterna notas entre una zampoña y otra—, el sonido completo solo se logra cuando al menos dos personas tocan juntas. Cada músico posee solo una parte de la escala, por lo que se necesita del otro para completar la melodía. Es aquí donde la lakita revela su esencia profundamente comunitaria: sin colaboración, no hay música.
Aprender a tocar es aprender a escuchar
El taller de lakitas en nuestra escuela no solo enseña técnica, también Invita a mirar el mundo desde una lógica distinta, donde la sincronía y la escucha activa son tan importantes como el dominio del instrumento. Quienes participan descubren que no basta con soplar correctamente o seguir el ritmo; hay que estar atento al compañero, leer el gesto, prever el sonido, respirar juntos.
Este aprendizaje tiene implicancias que van más allá de lo musical. Para niñas, niños, jóvenes y adultos, tocar lakitas es una metáfora de la vida en comunidad: cooperar, integrar, aceptar los silencios y celebrar los momentos compartidos.
Desde que comenzamos el taller, hemos visto cómo el interés por las lakitas despierta algo profundo en quienes se acercan. Algunos lo describen como un reencuentro con sus raíces; otros, como una experiencia espiritual. Lo cierto es que las lakitas activan una memoria corporal y sonora que muchas veces está dormida, y que al despertar se convierte en gesto colectivo.
Una invitación a soplar juntos
Las lakitas son una forma de arte que no busca la perfección individual, sino la belleza del conjunto. En tiempos de fragmentación, esta práctica ancestral nos recuerda que hay formas de estar con otros donde el cuerpo, la respiración y el sonido se entrelazan en armonía.
Si te interesa participar y dejarte envolver por este sonido que cruza cerros y generaciones, el taller de lakitas está abierto para ti. Trae tu curiosidad, tu ritmo, tu silencio, y sobre todo, tus ganas de compartir.
El taller de lakitas se desarrolla cada jueves de 18:00 a 20:00 horas y está a cargo del músico Diego Astorga.
